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martes, 29 de marzo de 2016

Los inicios del nacionalismo en el siglo XIX

El nacionalismo está presente en el debate político, tanto dentro como fuera de nuestro país. En este artículo pretendemos ofrecer algunas claves para intentar entender qué es el nacionalismo, partiendo de su surgimiento en el siglo XIX.
El concepto de nación como comunidad política con derecho a contar con un Estado organizado es una de las herencias ideológicas de la Revolución francesa. Anteriormente, existía la lealtad personal de los súbditos al monarca absoluto pero, después de la Revolución esta vieja lealtad se sustituyó por otra, la lealtad legal de los ciudadanos a una Constitución. Los individuos debían pertenecer a una comunidad y compartir con otros una cultura, lengua y costumbres para poder ejercer los derechos políticos propios de todo ciudadano.
Los liberales intentaron sustituir los viejos Estados absolutos de súbditos por Estados nacionales, formados por hombres libres, por ciudadanos. En la época de las guerras napoleónicas las ideas del nacionalismo comenzaron a extenderse por Europa. La oposición a la ocupación francesa y a los sistemas políticos que Napoleón impuso, propició que diversos pueblos se enfrentasen al ejército napoleónico buscando su propio camino para constituirse en Estados. El Congreso de Viena y el sistema de la Restauración no respetaron los intereses de muchos pueblos europeos cuando rediseñaron el mapa de Europa, provocando que el nacionalismo se convirtiera en una fuerza opositora a este sistema de la misma importancia que el liberalismo.
El nacionalismo del siglo XIX fue un fenómeno político y social complejo, ya que tuvo dos vertientes: una liberal, y otra tradicionalista, de raíces conservadoras, aunque es fácil encontrar en muchos movimientos nacionalistas una mezcla de principios de una y otra.
El nacionalismo liberal defendía el derecho de los pueblos a liberarse de tiranías extranjeras y la necesidad de la solidaridad de unos pueblos con otros en sus respectivas liberaciones nacionales. Para este nacionalismo cualquier comunidad podía convertirse en una nación si así lo deseaba, Giuseppe Mazzinibuscar los medios para emanciparse y formar un Estado o unirse a otro ya existente con el objetivo de crear uno nuevo. De esa misma forma, cualquier persona podría cambiar de nacionalidad con sólo desearlo. Por eso se trata de un nacionalismo basado en la voluntad, ya fuera de una comunidad, ya de un individuo. Este nacionalismo fue seguido, principalmente por los liberales demócratas franceses e italianos, destacando la figura de Giuseppe Mazzini.
El nacionalismo tradicional o conservador consideraba que las naciones no se basaban en la decisión o la voluntad de los pueblos o de los individuos, sino que existían previamente como realidades objetivas ineludibles. Esas naciones tendrían rasgos geográficos, culturales, lingüísticos y hasta étnicos propios diferentes a los de otras naciones. Esos rasgos acompañarían a las personas estuviesen donde estuviesen. Una comunidad constituía una nación cuando la historia, la tradición, la cultura y la lengua así lo determinaban. Todo el que perteneciera a esa comunidad pertenecería, asimismo a la nación y debía compartir esos rasgos nacionales, ya fuera de grado o por la fuerza. No era una cuestión de voluntad como en el nacionalismo liberal. El nacionalismo conservador tuvo mucha importancia en Alemania, destacando la figura de Fichte.
Por otro lado, hubo también dos modelos de nacionalismo. En primer lugar, hablaríamos de un nacionalismo unitario, que pretendería reunir en un único estado pueblos separados pero con una nacionalidad común. En segundo lugar, tendríamos un nacionalismo disgregador o separatista, que buscaría la fragmentación de Imperios o Estados para formar Estados-nación.

Eduardo Montagut

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Reflexiones sobre el regeneracionismo

El Regeneracionismo fue una corriente o movimiento de pensamiento que, entre fines del siglo XIX y comienzos del XX, pretendía una "regeneración" de la vida política y económica de España. Según los regeneracionistas, el modelo de la Restauración, herido por el Desastre del 98, estaba agotado y se basaba en la corrupción.
La figura más destacada del Regeneracionismo fue, sin lugar a dudas, Joaquín Costa, y gran parte de su pensamiento se condensa en su famosa obra Oligarquía y Caciquismo. Costa formuló una intensa crítica de la situación de España y denunció la incultura, el poder de la oligarquía y el atraso español en relación con Europa. Propuso incentivar la educación, iniciar un proceso de europeización y abordar una política económica a favor de las obras públicas y la agricultura. Para ello contaba con la movilización de las clases medias, alejadas de la oligarquía todopoderosa, pero también del movimiento obrero socialista y anarquista. Esas clases medias necesitaban un catalizador, un “cirujano de hierro”.
El Regeneracionismo caló en diversos sectores de la clase media y entre un grupo de intelectuales, que pretendían la movilización política para salir del estancamiento en que el país se encontraba, dentro del contexto del 98. El Regeneracionismo tenía el precedente de la corriente de reformismo social que nació en la década de los años ochenta del siglo XIX. El modelo liberal del Estado no atendía a los retos de la modernización en muchos aspectos: la universalización de la educación, la importancia de encarar grandes obras de infraestructuras, la necesidad de reformas sociales importantes previas a la formación de un Estado del bienestar (seguros sociales), y, por tanto, un Estado que interviniera en la economía y en la sociedad. Parte de estas ideas fueron recogidas por el Regeneracionismo y se planteaban en consonancia con los cambios que algunos países europeos occidentales estaban realizando con la llegada del nuevo siglo. Por otra parte, el Regeneracionismo imprimió en sus teorías y planteamientos una sensación de urgencia para que se realizaran los cambios.
Pero una de las características del Regeneracionismo fue su ambigüedad a la hora de establecer que sistema político debía encarar estos cambios, cuestión ésta, por otro lado, que luego sirvió a distintos sectores políticos para incorporar parte de sus planteamientos a sus idearios respectivos. Por eso hay ideas regeneracionistas en la derecha y en la izquierda, hasta en el franquismo. En el Regeneracionismo cabían desde planteamientos republicanos y democráticos, muy críticos con el anquilosado bipartidismo y turnismo de la Restauración, hasta un fuerte antiparlamentarismo, tendente al autoritarismo; de hecho, en alguna medida, Primo de Rivera recogió aspectos del Regeneracionismo, como es la idea del "cirujano de hierro", o su política de obras públicas.
En realidad, el Regeneracionismo tuvo poca efectividad práctica. Los intelectuales regeneracionistas no supieron encauzar políticamente los impulsos reformadores, creando movimientos o partidos con apoyo social. Por su parte, los políticos de la época de Alfonso XIII o no supieron elaborar programas profundos de reforma, o cuando lo hicieron, como los de Antonio Maura, Canalejas o Santiago Alba, fueron rechazados por el bloque dominante que sostenía el sistema de la Restauración.

Eduardo Montagut