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jueves, 17 de diciembre de 2015

Reflexiones sobre el despotismo ilustrado

En este artículo nos interesaremos por el fenómeno del despotismo ilustrado: su significado en la historia y las consecuencias de sus limitaciones o contradicciones.
La mayoría de las monarquías europeas del siglo XVIII mantuvieron el sistema absolutista configurado en el siglo anterior. Solamente, Inglaterra inició la nueva centuria con una monarquía parlamentaria. Pero el absolutismo del siglo XVIII presentó una fórmula nueva, conocida como despotismo o absolutismo ilustrado, que recogía algunos de los rasgos de la Ilustración, especialmente en la manera de gobernar y en la aplicación de una serie de reformas. Estos monarcas, deseaban, como los ilustrados, la felicidad de los súbditos, pero siguiendo la máxima de: “Todo para el pueblo pero sin el pueblo”. Los monarcas del siglo XVIII potenciaron reformas en los ámbitos económico, social, educativo y cultural a favor de sus súbditos pero sin renunciar a ninguna de sus prerrogativas como depositarios de la soberanía y sin contar con la opinión de los gobernados. Recogieron parte del programa de los ilustrados para intentar modernizar sus estados, corregir abusos o suprimir algunos privilegios. Podemos apuntar varios rasgos comunes en la política reformista llevada a cabo por los monarcas ilustrados europeos: protección de las actividades económicas, especialmente de la agricultura y de las manufacturas, fomento de la educación y de las instituciones culturales y artísticas, subordinación de la Iglesia al Estado siguiendo los principios del regalismo, reformas administrativas y hacendísticas, realización de obras públicas y supresión de los vestigios más antiguos del feudalismo. Pero estas reformas no llegaron nunca a traspasar unos límites sagrados, ya que de hacerlo se pondría fin al sistema absolutista y a la sociedad estamental que lo sustentaba. Cuando las reformas podían resquebrajar el principio de su autoridad o trastocaban pilares fundamentales del Antiguo Régimen fueron abandonadas o ni tan siquiera tomadas en cuenta. El estallido de la Revolución Francesa provocó que casi todas las políticas ilustradas fueran frenadas por los monarcas europeos, como bien se puede estudiar en el caso español en los inicios del reinado de Carlos IV.
Entre los monarcas más destacados del despotismo ilustrado podemos citar a los siguientes: Federico II de Prusia, María Teresa y José II de Austria, Catalina de Rusia y Carlos III de España.
Los límites de las políticas reformistas que hemos apuntado estarían entre las causas del estallido de los procesos revolucionarios del último cuarto del siglo XVIII. Las monarquías fracasaron a la hora de afrontar los graves problemas socioeconómicos y políticos del momento porque no podían ni deseaban íntimamente adoptar reformas profundas. Pero, además, en algunos casos sus acciones abrieron las esclusas de la corriente revolucionaria. Cuando la monarquía francesa intentó afrontar una reforma fiscal de envergadura, agobiada por la más completa ruina económica, al proponer que los estamentos privilegiados colaborasen fiscalmente para afrontar la gravedad de la situación, provocó una fuerte reacción que, en última instancia, liberó todas las tensiones revolucionarias.
En definitiva, el despotismo ilustrado intentó adaptar la Ilustración para fortalecer el poder monárquico pero esto suponía una contradicción, ya que esas ideas ilustradas, en último término, perseguían el fin de la monarquía absoluta y de todo el Antiguo Régimen. Cuando fracasó el despotismo esas ideas nutrieron ideológicamente a los revolucionarios, aunque con otros métodos.
Eduardo Montagut


miércoles, 16 de diciembre de 2015

Reflexiones sobre el regeneracionismo

El Regeneracionismo fue una corriente o movimiento de pensamiento que, entre fines del siglo XIX y comienzos del XX, pretendía una "regeneración" de la vida política y económica de España. Según los regeneracionistas, el modelo de la Restauración, herido por el Desastre del 98, estaba agotado y se basaba en la corrupción.
La figura más destacada del Regeneracionismo fue, sin lugar a dudas, Joaquín Costa, y gran parte de su pensamiento se condensa en su famosa obra Oligarquía y Caciquismo. Costa formuló una intensa crítica de la situación de España y denunció la incultura, el poder de la oligarquía y el atraso español en relación con Europa. Propuso incentivar la educación, iniciar un proceso de europeización y abordar una política económica a favor de las obras públicas y la agricultura. Para ello contaba con la movilización de las clases medias, alejadas de la oligarquía todopoderosa, pero también del movimiento obrero socialista y anarquista. Esas clases medias necesitaban un catalizador, un “cirujano de hierro”.
El Regeneracionismo caló en diversos sectores de la clase media y entre un grupo de intelectuales, que pretendían la movilización política para salir del estancamiento en que el país se encontraba, dentro del contexto del 98. El Regeneracionismo tenía el precedente de la corriente de reformismo social que nació en la década de los años ochenta del siglo XIX. El modelo liberal del Estado no atendía a los retos de la modernización en muchos aspectos: la universalización de la educación, la importancia de encarar grandes obras de infraestructuras, la necesidad de reformas sociales importantes previas a la formación de un Estado del bienestar (seguros sociales), y, por tanto, un Estado que interviniera en la economía y en la sociedad. Parte de estas ideas fueron recogidas por el Regeneracionismo y se planteaban en consonancia con los cambios que algunos países europeos occidentales estaban realizando con la llegada del nuevo siglo. Por otra parte, el Regeneracionismo imprimió en sus teorías y planteamientos una sensación de urgencia para que se realizaran los cambios.
Pero una de las características del Regeneracionismo fue su ambigüedad a la hora de establecer que sistema político debía encarar estos cambios, cuestión ésta, por otro lado, que luego sirvió a distintos sectores políticos para incorporar parte de sus planteamientos a sus idearios respectivos. Por eso hay ideas regeneracionistas en la derecha y en la izquierda, hasta en el franquismo. En el Regeneracionismo cabían desde planteamientos republicanos y democráticos, muy críticos con el anquilosado bipartidismo y turnismo de la Restauración, hasta un fuerte antiparlamentarismo, tendente al autoritarismo; de hecho, en alguna medida, Primo de Rivera recogió aspectos del Regeneracionismo, como es la idea del "cirujano de hierro", o su política de obras públicas.
En realidad, el Regeneracionismo tuvo poca efectividad práctica. Los intelectuales regeneracionistas no supieron encauzar políticamente los impulsos reformadores, creando movimientos o partidos con apoyo social. Por su parte, los políticos de la época de Alfonso XIII o no supieron elaborar programas profundos de reforma, o cuando lo hicieron, como los de Antonio Maura, Canalejas o Santiago Alba, fueron rechazados por el bloque dominante que sostenía el sistema de la Restauración.

Eduardo Montagut

martes, 8 de diciembre de 2015

Zamiatin

La literatura rusa es una de las más ricas y atrayentes que existen, y no solamente la más clásica del siglo XIX. En los últimos tiempos, gracias al esfuerzo de pequeñas editoriales, se nos están ofreciendo magníficas traducciones de muchos autores y obras que desconocíamos. En este artículo nos acercamos a un escritor ruso excepcional, poco conocido del lector español, Yevgueni Zamiatin (1884-1937). Estamos hablando de uno de los primeros que planteó la cuestión de las distopías, antes que Orwell.
Nuestro protagonista nació en Lebedyan, población cercana a Moscú, hijo de un sacerdote ortodoxo y de una intérprete de piano. Estudió para ingeniero naval, profesión que ejerció. En la Gran Guerra estuvo en Gran Bretaña para supervisar la fabricación de barcos rompehielos con destino a la Marina Rusa, y comenzó una fructífera carrera literaria. Sus primeros éxitos le valieron el reconocimiento general y el apoyo de Gorki, especialmente por su Relato sobre lo principal. Se le llegó a comparar con Gógol, uno de los padres de la literatura rusa contemporánea, gracias a sus relatos Los isleños y El pescador de hombres, donde relata su experiencia británica. Simpatizó con la causa bolchevique en 1905, y hasta estuvo detenido, pero su entusiasmo revolucionario se enfrió muy pronto. De la experiencia en la cárcel salió su cuento Solo.
Su gran novela fue Nosotros (1924), una obra que fue prohibida en la URSS, que tuvo que publicarse fuera del país, y que puede ser considerada una de las primeras distopías de la literatura, influyendo en la novela 1984 de Orwell. La obra nos relata el control del Estado sobre la vida de los ciudadanos, la destrucción de la intimidad y la anulación del individuo. En ese momento decidió dedicarse más al teatro, habida cuenta que casi todas las revistas donde colaboraba fueron cerradas. Estrena La pulga con mucho éxito, obra que durará en cartel varias temporadas en el Teatro del Arte, pero de forma repentina es retirada del repertorio del Teatro y se le prohíbe estrenar otras obras. Consigue, gracias a Gorki, poder marchar al extranjero. La inundación (1929) sería su última obra antes de irse de Rusia. En esta novela el autor nos habla de la crecida del Neva y de un drama familiar espléndidamente narrado en una obra no muy larga. También es importante su Autobiografía (1922).
Al no querer plegarse al totalitarismo estalinista que, como tal, abarcó también la literatura y las artes, cayó en el ostracismo. Zamiatin consideraba que los verdaderos revolucionarios eran los “dementes, los ermitaños, los herejes, los soñadores, los rebeldes, los escépticos”. Zamiatin murió en París.

Eduardo Montagut