Mostrando entradas con la etiqueta guerra carlista. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta guerra carlista. Mostrar todas las entradas

jueves, 25 de febrero de 2016

Los intentos de humanizar las guerras: el Convenio Eliot en la guerra carlista

La primera guerra carlista, una verdadera guerra civil, se caracterizó por una brutalidad impresionante. Era habitual fusilar o alancear a los prisioneros, y no era fácil el intercambio de rehenes. Los dos bandos perpetraron muchas brutalidades. Estos hechos impresionaron a la Europa del momento. El diplomático inglés Edward Granville Eliot marchó al País Vasco, comisionado por el gobierno inglés, para intentar convencer a liberales y carlistas para que firmasen un convenio o tratado con el fin de que se comprometieran a respetar la vida de los prisioneros y que pudieran ser canjeados. Nuestro protagonista había sido secretario de la embajada británica en Madrid en el año 1823, tenía prestigio como mediador, hablaba castellano, y tenía buenas relaciones con personajes de los dos lados, lo que facilitó su tarea. Después de su misión en España siguió su carrera diplomática, y terminó como virrey de Irlanda.
Eliot consiguió que se firmaran los días 27 y 28 de abril de 1835 el tratado conocido como "Convenio Eliot", entre el general Gerónimo Valdés, por el lado liberal, y el comandante general carlista Tomás Zumalacárregui. Por lo acordado se establecía que los prisioneros debían ser canjeados por igual número de prisioneros del otro bando, y en todas las categorías militares. Si había prisioneros sobrantes debían quedarse en depósito en pueblos designados, y sus vidas tenían que ser respetadas, especialmente las de los prisioneros heridos y enfermos. Es importante destacar que el Convenio establecía, además, que ninguna persona, civil o militar, podía ser ejecutada por sus ideas políticas, sin que fuera antes enjuiciada y juzgada según las leyes españolas. El pacto se aplicaría, en principio, en el País Vasco, Navarra, y el centro peninsular. En Cataluña no entró en vigor hasta el año 1838, gracias a la firma de los generales Van Halen y Cabrera.
A pesar de los incumplimientos del acuerdo por la falta de voluntad de algunos mandos militares y de varios problemas, como el de las pésimas condiciones de los lugares de internamiento de los prisioneros a la espera de los canjes, no podemos negar que, al menos, Eliot consiguió humanizar algo una guerra atroz.

Eduardo Montagut