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lunes, 29 de febrero de 2016

El surgimiento de los Colegios de Farmacia en España

El estudio y enseñanza de la farmacia en España estuvieron vinculados en el Antiguo Régimen a los Colegios de Medicina y Cirugía, pero en la época tardoilustrada cambió la situación, ante la necesidad de potenciar esta disciplina científica por su evidente importancia. En el año 1801 se promulgó una real cédula que ordenaba la creación de Colegios para la enseñanza de la Farmacia, y con la facultad de poder expedir títulos de bachiller y doctor. Estos Colegios debían estar bajo la dirección de la Junta Superior Gubernativa de Farmacia. En febrero de 1804 se promulgaron unas ordenanzas respecto a las enseñanzas que debían impartirse en estas instituciones educativas.
En 1806 se abrió el primer Colegio en Madrid, y que pretendía ser el modelo para los que se fueran abriendo por España. En Barcelona se puso en marcha un proyecto para crear uno que debía abrirse en 1808 pero no pudo ser hasta 1815, una vez terminada la Guerra de la Independencia. Su inauguración coincidió con la de los Colegios de Santiago y Sevilla, pero estos dos últimos no pudieron sobrevivir mucho por falta de fondos económicos, en una época de intensa crisis como fue la del reinado de Fernando VII.
El primer plan de enseñanza se articuló en tres años o cursos. Se enseñaba química, farmacia e historia natural (ciencias naturales). En 1815 se hizo una reforma de este plan porque se introdujo la física, se perfeccionaron las cátedras de farmacia y se amplió la carrera a cuatro años, además de establecer tiempos para las prácticas.
En tiempos de Fernando VII se produjo la separación, que sería ya definitiva, entre lo sanitario y lo educativo o formativo. Se creó la Junta de Sanidad para las cuestiones sanitarias, quedando los Colegios para la enseñanza.
El Estado Liberal transformó los estudios de Farmacia, como de otras disciplinas. Los Colegios de Madrid y Barcelona pasaron a ser Facultades universitarias en el año 1845, integrándose en sus respectivas Universidades. Posteriormente, en el mismo reinado de Isabel II se crearon las Facultades de Farmacia de Granada en 1850 y la de Santiago en 1857.
En materia sanitaria el reinado de Isabel II también fue decisivo, ya que en 1855 se aprobó la ley general de sanidad y unas ordenanzas, que estipulaban que solamente los farmacéuticos que ejercían con arreglo a la legislación podrían expender medicamentos. En 1860 se publicaron las nuevas ordenanzas que regularon el ejercicio profesional del farmacéutico.

Eduardo Montagut 

martes, 23 de febrero de 2016

Josefa Amar y Borbón: una ilustrada por la enseñanza de la agricultura

Josefa Amar y Borbón fue destacada protagonista en el debate sobre las mujeres en el siglo XVIII español. En este artículo, en cambio, nos centraremos en su defensa  de la enseñanza de la agricultura.
Josefa Amar y Borbón nació en Zaragoza en febrero de 1753. Era hija del médico de cámara José Amar y nieta del médico de Fernando VI, Miguel Borbón. Estuvo casada con Joaquín Fuertes Piquer, oidor de la audiencia de Aragón. Versada en inglés, francés, latín e italiano, perteneció a la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País, a la Real Sociedad Aragonesa y a la Sociedad Médica de Barcelona. Participó en el famoso debate de las mujeres en el siglo XVIII, destacando su Discurso sobre la Educación Física y Moral de las mujeres, editado en Madrid en 1790, así como, su intervención en la intensa polémica sobre el ingreso de las mujeres en la Sociedad Económica Matritense con su Discurso en defensa del talento de las mujeres y su aptitud para el gobierno. Como es sabido, triunfó la tesis favorable a las mujeres y se creó la Junta de Damas. También tradujo algunas obras del inglés y la obra italiana del abate italiano Javier de Lampillas, en seis tomos, un compendio sobre la literatura española.
Josefa Amar se preocupó por la enseñanza de los labradores, participando del interés que los grandes autores y políticos de la Ilustración española dedicaron a la materia, especialmente en el tema sobre la posible y necesaria colaboración del clero secular en esta tarea ilustradora, dado su ascendente sobre los campesinos y porque los curas párrocos estaban en todos los rincones de la Monarquía, pudiendo ser unos instrumentos eficaces para la difusión de las luces. En este sentido, Floridablanca llegó a pensar en convertir a los párrocos en una especie de agentes del Estado para enseñar al pueblo los rudimentos de las artes y de la agricultura. En este misma línea, Andrés Cardona publicó un libro, en 1784, sobre “la licitud de que los párrocos se dedicasen a estos menesteres”, que fue muy apreciado por Campomanes. Ya en el reinado de Carlos IV, la Sociedad Bascongada estableció un premio en 1791 sobre las ventajas de que el clero se dedicase a “ese oficio patriótico”. Este debate culminaría con la creación en 1797 del Semanario de Agricultura y Artes dirigido a los párrocos.
La aportación de Amar y Borbón en este debate fue la publicación de los Discursos sobre el problema de si corresponde a los párrocos y curas de aldea el instruir a los labradores en los buenos elementos de economía campestre. La obra incluía un plan sobre la materia y se editó en Zaragoza en 1783. En realidad, se trataba de una traducción de la obra italiana del naturalista y botánico veneciano Francesco Griselini (1717-1783), miembro de varias academias europeas, masón, periodista y secretario de la Sociedad Patriótica de Milán, ciudad donde falleció. La traducción fue un encargo de la Real Sociedad Aragonesa y le valió ser nombrada socia de honor de dicha corporación. Félix Latassa, el bibliógrafo más destacado de la Ilustración aragonesa, mencionó estos Discursos en su Biblioteca Nueva de Escritores Aragoneses, haciendo grandes elogios del talento y trabajo de la autora aragonesa.

Eduardo Montagut