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lunes, 22 de febrero de 2016

El regalismo

El regalismo fue una teoría y una práctica política ejercida por las Monarquías católicas en la Edad Moderna en su relación con la Iglesia Católica, que debe ser tenida en cuenta para entender parte de la historia de la formación de los Estados modernos, así como la vinculada con las relaciones entre el poder político y el religioso.
El término de regalismo procede de regalía. Por regalías se entendían los derechos, propiedades y prerrogativas de los reyes. En la Edad Media aparecieron como derechos económicos o financieros exclusivos de la Corona. Al final de dicha época terminaron por consolidarse, pero ya referidos a todas las cuestiones de las actividades del rey frente a los derechos o jurisdicciones de otras autoridades, como la Iglesia y la nobleza. En el Fuero Viejo de Castilla se consideraban regalías las funciones que iban unidas esencialmente a la soberanía de la Corona: administración de justicia, acuñación de moneda, levas militares y determinadas rentas como la de la sal.
Fernando VI
En la Edad Moderna el concepto de regalía se enriqueció, adquiriendo más importancia. Por un lado se mantuvo el que había nacido en el Medievo pero adquirió un nuevo significado, y que tenía que ver con las prerrogativas del monarca en determinados asuntos religiosos y eclesiásticos. En la época de los Austrias se produjo un conflicto de índole regalista en el año 1632 cuando la Junta Grande Especial elaboró un listado de las quejas y “discordias” de la Corona con Roma. Al año siguiente, se redactó un famoso Memorial que se presentó al papa Urbano VIII.
Después de la Guerra de Sucesión y con la llegada de los Borbones el conflicto entre la Corona y el Papado creció de forma evidente por dos razones. Por un lado, Roma había apoyado al candidato austriaco, y, por otro lado la Corona francesa se había destacado por arrancar competencias de la Iglesia en Francia, desde su más acusado absolutismo, en la faceta política del galicanismo. El nuncio papal llegó a ser expulsado de España.
En el reinado de Fernando VI se firmó, después de complejas y arduas negociaciones, el Concordato con Roma en 1753. Por el mismo, la Corona adquiría el Patronato Universal. El Patronato Regio era una concesión papal a la Corona española para la designación y presentación de los beneficios eclesiásticos, y que terminó por convertirse en una regalía. La historia del Patronato Regio es larga. En el siglo XV, con los Reyes Católicos, el papa Inocencio VIII que necesitaba la ayuda de Fernando para defender sus intereses en Italia, le concedió el derecho de presentación de todos los beneficios mayores en el reino de Granada. Este primer paso fue aprovechado por los monarcas para extender su poder y para establecer un modelo a aplicar en América. En 1508, Julio II otorgó a la Monarquía Española el Patronato en toda la Iglesia americana. El Concordato de 1753, como hemos visto, ampliaba este derecho al resto de la Iglesia española, con algunas excepciones. Se trataba de un extraordinario incremento del poder real, ya que los monarcas eran los que nombraban los cargos, y controlaban, indirectamente, sus ingresos, además de obtener algunos de ellos procedentes de los beneficios de las vacantes mientras no se cubrían.
Eduardo Montagut

jueves, 10 de diciembre de 2015

Bárbara de Braganza

Bárbara de Braganza nació en 1711 en Lisboa, hija de Juan V y María Ana de Austria, reyes de Portugal. Bárbara fue elegida para casarse con el príncipe de Asturias Fernando, hijo de Felipe V. Por su parte, la infanta María Ana Victoria debía casarse con el heredero de la Corona de Portugal. El matrimonio se realizó por poderes el 11 de enero de 1728. Al año siguiente se intercambiaron las dos infantas en la frontera.
El matrimonio de Fernando y Bárbara vivió aislado por voluntad de la reina Isabel de Farnesio en el palacio del Buen Retiro. La reina no sentía ninguna simpatía por su nuera. Isabel estaba empeñada en el fomento de la política italiana para conseguir tronos para sus hijos, y tenía una mala relación con su hijastro, el príncipe Fernando. Además, la reina temía que la princesa de Asturias influyese en su marido a favor de un posible acercamiento a Inglaterra vía Portugal y hasta de Austria, enemiga de España. Durante unos años se sucedieron las suspicacias en la corte madrileña entre unos y otros.
Bárbara de Braganza ha pasado a la historia por ser una reina culta, ya que dominaba seis idiomas y era una destacada amante de la música. Protegió a Carlo Broschi, Farinelli, que había llegado a la corte española para intentar curar o aliviar la depresión melancólica del rey Felipe V. Farinelli planeaba estar unos meses y llegó a vivir un cuarto de siglo en España. Con los nuevos reyes, Fernando y Bárbara, encontró unos perfectos protectores, lo que le valió condecoraciones y poder para organizar conciertos, obras teatrales, escenografías y óperas, muchas de ellas con letra del poeta Pedro Metastasio, uno de sus mayores amigos. El conjunto se completó con la llegada de Domenico Scarlatti, que desde 1721 había sido maestro del clave de Bárbara y que acompañó a la reina a España. Sin lugar a dudas, el reinado de Fernando VI y Bárbara de Braganza puede ser considerado uno de los que más han hecho por la música en la historia española.
Cuando Fernando VI subió al trono en 1746 la reina no se caracterizó por desarrollar el poder e influencia que había tenido su suegra Isabel de Farnesio, aunque sí influyó en algunos nombramientos, pero su mayor participación fue intentar mediar entre su esposo y su padre, el rey Juan V. En el reinado de Fernando VI se firmaría el Tratado de Límites en enero de 1750 entre España y Portugal, por el que la primera se aseguraba la colonia de Sacramento, la neutralidad de las colonias en caso de un eventual conflicto, aunque a cambio se reconocían los avances portugueses y se cedieron aldeas y reducciones de los jesuitas en Paraguay.
Bárbara de Braganza mandó construir el Convento de la Visitación, más conocido como el Convento de las Salesas, con el fin de retirarse en la vejez. Fue inaugurado en septiembre de 1757. No pudo disfrutarlo porque, tras marchar a Aranjuez, cayó enferma, ya que sufría del corazón. En una larga agonía moriría en agosto del año siguiente, sumiendo al rey en una depresión, a la que era propenso como su padre, muriendo casi al año justo después de su esposa.

Eduardo Montagut